Pero no se preocupe, porque los grabé

Había un conserje, Juan, en mi preparatoria que. por decirlo de manera amable, no tenía todos los caramelos en el frasco. Algo le había pasado, se decía que un accidente, que lo había dejado un poco tocado. El tipo no era, ni de lejos, la farola más brillante de la cuadra, pero era diligente con el trabajo, así que lo mantenían en la plantilla. Hasta que un día ya no. Esta es la historia, obviamente apócrifa, de ese día.

Un sábado se organizó un concurso de gente ñoña en la preparatoria. Como había mucho que hacer la organización pidió apoyo a la escuela pero ésta únicamente mandó dos personas, la doctora de la escuela, Elenita, una dulce viejecita como de ocho mil años, y a Juan.

A algún listillo se le ocurrió decirle a Juan que haría de guardia de seguridad, por lo que el tipo apareció por la mañana vestido de azul, una gorra de policía, y un silbato. Desde que comenzó a llegar la gente Juan empezó a “agilizar” el tráfico peatonal cual agente de tránsito, gritando y haciendo sonar el bendito silbato cada dos por tres. Lo que hacía, más bien era joderle la vida a todo dios. Después de un rato Elenita tuvo que pedirle que se callara:

-Calla, hombre, no ves que están estudiando- dijo Elenita.
-Pero a mi me dijo la directora que era el encargado de la seguridad.-respondió Juan.
-Sí, Juanito, sí. La cosa es, verás, que dentro de los salones los muchachos están muy nerviosos, por el concurso y eso, así que necesitamos ser más discretos. No hay que gritar.
-Pero, Elenita- se quejó Juan.
-Pero nada, Juanito. No son tantos muchachos, pueden caminar solos. Aparte, están las señoritas edecanes para llevarlos a su salón. Lo que tu tienes que hacer es ir a vigilar los patios allá atrás, no vaya a haber algún despistado por ahí. Esa es tu responsabilidad- soltó Elenita. ‘Mucho ayuda el que no estorba’- pensó la doctora.
-Está bien, doctora.- dijo Juan muy serio.
-Y recuerda, discreción.- dijo la doctora Elenita, conteniendo la risa.

Así Juan comenzó a deambular por los patios y jardines de la escuela, ya sin molestar a nadie, aparentemente.

La cosa es que los adolescentes solo tienen algo en la cabeza, y es sexo. Aún con concurso, presión, novedad, visita a la capital, y demás, el pensamiento primordial es en sexo: dónde, cómo, cuándo, con quién. Varias de esas preguntas tenían respuesta en el concurso: un lugar grande, con muy poca vigilancia, y en el que tenían que estar por muchas horas sin que nadie los echara en falta. Si, además, tenían a la noviecita en el mismo lugar, lo obvio era que al menos se plantearan la posibilidad. Y vaya que se la plantearon.

-o-o-

-Doctora, doctora- dijo Juan casi sin aliento.
-¿Qué pasó, Juanito?- respondió la doctora, sorprendida.
-Doctora, encontré a unos muchachos teniendo relaciones dentrás de los laboratorios de Biología.- contestó Juan, triunfante, como si hubiera encontrado un objeto largamente buscado.
-¡¿Qué?!- exclamó la doctora, que hizo el ademán de levantarse pero no lo consiguió.
-Sí, sí, estaban en el patio cinco, junto a la Jacaranda. Recordé lo que me dijo, doctora, discreción.- continuó Juan, y miró a la doctora como esperando una felicitación.
-¿Cómo? ¿Hace cuanto tiempo de eso?- balbuceó la doctora visiblemente sonrojada.
-Hace unos minutos, doctora. Creo que me vieron y se fueron. Pero no se preocupe, porque los grabé.

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Acerca de José Manuel

I'm from Mexico and currently in a PhD program in the University of Oviedo, in Spain.
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