Ana

-Esteroides.

-¿Perdona?

-Es la palabra que buscabas. Hace rato, cuando platicabas con tu amigo.

Aquí a Ana le hubiera gustado decir algo. Responder de alguna manera ingeniosa, hacer un comentario crítico acerca de la vida, pero lo único que atinó a decir fue:

-Ah, sí, gracias.

-De nada.- Contestó Anna. Claro que Ana no sabía que Anna se llamaba así, es decir, que eran casi homónimas. El silencio reinó entonces por unos instantes. Ana miró, de reojo, a la muchacha aquella, tan particular.

-Yo hago pasteles- dijo Anna.

-Ah, que bien, yo estudio ingeniería.

-Que padre, ¿en dónde? ¿En la UNAM? Mi papá estudió ingeniería en la UNAM, y siempre quiso tener un hijo ingeniero, pero únicamente me tuvo a mí, y yo soy muy bruta como para ser ingeniera- respondió Anna, sonriente. -¿Y te gusta?

-Pues sí, está pesado, pero me gusta. -Dijo Ana. “Me gustas tu”, pensó Ana entonces.

-ó-ó-

-Me gustas- dijo Anna -me gustan tus pechos. Me gusta que sean pequeños, que tengan el tamaño adecuado para mí boca, y mis manos, pero me gusta más que estén unidos a ti, a tus manos, y a tu boca.

Ana no dijo nada. Nunca sabía que decir. No quería ser cursi, pero al mismo tiempo quería que Anna supiera cuánto la quería. No quería parecer torpe, o peor aún, inexperta.

Anna entonces comenzó a besarla. Lentamente mientras tocaba sus orejas y deslizaba su mano por debajo de la blusa de Ana. Con habilidad desabrochó su sostén y acarició sus pechos. Así la besó largo rato, apretando los pechos de Ana, disfrutando los suaves gemidos de ésta. Después de un rato Anna misma desabotonó su camisa y con sus pechos desnudos comenzó a rozar los de Ana.

-Te voy a hacer venirte- dijo Anna. -Te vas a venir tan duro que olvidarás tu nombre, y mi nombre, olvidarás como caminar, y qué día es hoy.-finalizó. Anna sacó del cajón un bote de lubricante y empezó a aplicarlo sobre sus propios pechos. -Anda, abre las piernas- ordenó. Ana obedecío.

-o-o-

“Yo te quise mucho, sabes. Aún recuerdo el primer día que nos vimos, tus largas piernas y tu piel blanquísima. Tu sonrisa radiante. Tus ojos cafés, por los cuales yo moría por ser mirada. Quería que me vieras. Tu falda azul, entallada hasta la inmoralidad. Que ganas de pasar mi mano alrededor de tus caderas, me decía yo en el momento en que me hablaste.

Hoy todo es distinto, pero es igual. Te escribo esto mientras te veo dormir en tu camisón de seda. Veo tus pechos asomarse coquetos y la línea de tu cintura dibujada en las cobijas. Sé que te adoro, que te quiero, más de lo que es sano querer a alguien. Sin embargo, también sé que lo nuestro  no puede ser. No quiero pelear más. Sé que no eres feliz conmigo, y que lo más seguro es que nunca lo seas. Tal vez yo tampoco soy feliz, no sé.

Alguna vez fui feliz, eso es lo que sé, y te agradezco por ello.”

A.

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Acerca de José Manuel

I'm from Mexico and currently in a PhD program in the University of Oviedo, in Spain.
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