Quien lo diría

Recuerdo el principio de la Gran Guerra. Oviedo era un lugar muy distinto entonces. Cuando todo comenzó yo estaba en un bar de obreros que estaba en Baker Street, que entonces se llamaba Calle Calvo Sotelo, en honor del franquista aquel. Comía arroz amarillo con pollo. Lo recuerdo porque cuando salió el presidente de Gobierno en la televisión, en una televisión (sí, sí, él estaba dando la conferencia por una televisión que a su vez era filmada por una cámara), y dijo que el incidente con Gran Bretaña no pasaría a mayores casi me atraganto. Nunca hay que creer en un político.

A partir de ahí todo fue muy rápido, los hechos se sucedieron con velocidad descomunal para ser Agosto. En cuestión de días los “incidentes” entre barcos en el mediterraneo pasaron a ser escaramuzas.  Una fragata Española hundió un destructor Británico. Los vuelos entre Reino Unido y España se cancelaron, con aviones siendo desviados a Francia. Unos días después se dieron los primeros combates aéreos sobre el cantábrico.

La Unión Europea amenazó con expulsar a ambos países. El G-7 hizo un llamamiento a la diplomacia. Ambas partes afirmarón la necesidad de diágolo, mientras continuaron con la movilización de tropas. Estados Unidos condenó públicamente los hechos, mientras que en secreto reafirmó su apoyo incondicional a Gran Bretaña. España, sintiéndose vulnerable, buscó ayuda en Alemania y Francia, pero el respaldo real lo encontró en Rusia y China, que tenían como objetivo confrontar a los norteamericanos, aunque no de una manera abierta.

A principios de Septiembre China movió barcos al mar homónimo buscando atraer la atención de Japón, Corea y Estados Unidos. Rusia también se posicionó en el pacífico, restringiendo aún más la capacidad de maniobra norteamericana hacia el Atlántico. Todos hablarón sin cesar del pelígro de las armas nucleares, pero ninguna fue usada.

Lo que comenzó con una disputa sobre el impuesto aduanero al tabaco en Gibraltar había llegado a escala mundial. Nadie daba crédito a lo que estaba ocurriendo. Un día sí y otro también había comunicados oficiales llamando al diálogo tanto en España como en Reino Unido, se publicaba un parte con el número de caídos en acción del día y se llamaba a parar el derramamiento de sangre, pero la vida diaria cambió muy poco. Ahora los equipos ingleses no participarían en la Champions League, poco más. Ambas poblaciones estaban en contra de la guerra, pero tampoco estaban tan interesadas como para hacer algo al respecto. Caray, la primera Gran Guerra del siglo XXI, menos interesante para el ciudadano promedio que el reality show en turno.

Todos esperaban ver un gran despliegue de tecnología acorde con ejércitos del nuevo milenio,  pero al final fueron la maniobrabilidad de la fuerza aerea y la Armada Británicas, muy superiores a sus contrapartes Españolas, las que ganaron la guerra. El 31 de enero el ejército Británico tomó Barcelona y el gobierno Español se rindió. Las bajas militares totales del conflicto no superaron las dos mil. Las bajas civiles ni siquiera llegaron a la centena. Todo esto durante seis meses de conflicto. “The cleanest war” fue el, ¿apropiado?, titular del Daily Mail al día siguiente

Sin embargo, sí hubo muertos. Miles de miles de muertos, pero en África. El conflicto armado provocó una escalada desproporcionada en el precio de los bienes de consumo, lo que simplemente desplazó a los habitantes del continente de la puja por los alimentos. Se calcula que entre una sexta y una quinta parte de la población murió, o bien de hambre, o bien por violencia relacionada con los altos precios.

Al final España, que se convirtió en una república, perdió Galicia, Asturias y las Islas Canarias con los Británicos, mientras que Cataluña, junto con Valencia y las Islas Baleares, y el País Vasco se hicieron independientes.

Aquí en Oviedo las cosas siguieron igual, o casi igual. Hacia el final de aquel año nos dijeron que debíamos cambiar nuestros Euros por Libras, y que la educación básica ahora sería en inglés. Pocas personas, muy pocas, se quejaron de estos cambios. Cinco años después, antes de una visita del Rey Charles, el ayuntamiento decidió que usar nombres de muertos franquistas no era apropiado y cambió el nombre de muchas calles.

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Acerca de José Manuel

I'm from Mexico and currently in a PhD program in the University of Oviedo, in Spain.
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